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MI PRIMERA CLASE DE POLE

Muchas veces el temor a pensar que este deporte no está hecho para mí, no sabre hacer nada, o pensamientos de ese estilo, nos limitan a asistir a una clase y probarlo.

Si quieres saber cómo es una clase de pole dance, sigue leyendo.

Nunca antes había practicado ejercicio alguno, no tenía fuerza ni flexibilidad, si me suponía un esfuerzo abrir el tapón de una botella de agua... ¿Cómo iba a ser capaz de subirme a una barra?

La clase duraba 1 hora y media, donde calentamos durante los primeros 20 minutos y en seguida nos fuimos "al lío", a lo realmente interesante.

Comenzamos con pequeñas poses y giros básicos. Aunque al principio cuesta porque tienes que pensar y controlar cada parte de tu cuerpo por separado, la realidad es que cuando le empiezas a coger el gustillo, cada pequeño giro, cada vez que levantas los pies del suelo, sientes que vuelas y la satisfacción y el ánimo que transmiten las compañeras cada vez que logras cualquier pequeño avance, supone un subidón de adrenalina y motivación extra para seguir intentando nuevas figuras, giros y combinaciones.

Quedaban apenas 10 minutos para finalizar la clase, el cansancio en los brazos ya empezaba a mostrar los primeros síntomas de lo que al días siguiente serían unas buenas agujetas, pero las ganas de probar una última vez antes de que se acabara la clase aquello que te había salido, eliminaban cualquier síntoma de cansancio.

Dedicamos los últimos minutos a estirar y relajar el cuerpo.

La sensación después de terminar es algo que pocas veces se experimenta, te sientes cansada pero satisfecha de haber vencido algún reto de haber descubierto que eres capaz de hacer cosas que hacia una hora las hubieras creído imposibles...

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